La vela de vuestra boda

La vela de vuestra boda

La vela de vuestra boda os dice: dejadme arder el día de vuestra boda, soy un símbolo que ilumina y acompaña. Pasados los años, deberá recordaros lo que hoy os prometéis uno al otro. La vela de vuestra boda os susurra al oído: yo lo vi. Mi llama estaba presente cuando os disteis las manos y en ese gesto unisteis vuestras vidas. Yo soy algo más que una simple vela; soy un testigo mudo en la casa de vuestro amor, y continuaré viviendo en vuestro hogar. En los días en que el sol brille, no necesitareis encenderme. Pero cuando sintáis una gran alegría, cuando un hijo venga de camino o cualquier otra estrella brille en el horizonte de vuestras vidas, encendedme. Encendedme cuando anochezca, cuando surja entre vosotros la primera tempestad, cuando os peleéis por primera vez. Encendedme cuando tengáis que dar un paso importante en vuestras vidas sin saber cómo; cuando sea necesaria una explicación y no encontréis las palabras oportunas; cuando queráis abrazaros y vuestros brazos rehúsen hacerlo, encendedme. Mi luz será para vosotros una señal clara, que habla su propia lengua y todos la entendemos. Soy la vela de vuestra boda. Dejadme arder cuanto sea necesario, hasta el momento en que los dos, porque estáis de nuevo unidos, podáis apagarme. Entonces, diré agradecida: ¡hasta la próxima!

ORACIÓN SOBRE LOS ESPOSOS

Que los caminos se abran a vuestro encuentro,
que el sol brille templado sobre vuestro rostro,
que la lluvia caiga suave
sobre lo que habéis sembrado
con ilusión y esfuerzo,
que el viento sople siempre a vuestra espalda,
y que siempre, siempre,
Dios os tenga en la palma de la mano.
Que guardéis en vuestro corazón con gratitud,
el recuerdo precioso de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca en vosotros
y os ayude a llevar alegría
a los corazones de cuantos amáis.
Que vuestros ojos reflejen un brillo de amistad
gracioso y generoso como el sol,
que sale de entre las nubes y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios os mantenga firmes
que los ojos de Dios os miren con ternura
que los oídos de Dios os oigan
que la palabra de Dios os hable
que la mano de Dios os proteja.
Que Dios, Luismi y Mamen,
os conceda esto y mucho más.